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miércoles, 1 de abril de 2015

Primavera a ras de suelo. Las primeras flores

CUADERNO DE CAMPO

Apenas se retira la nieve en los pinares serranos, empiezan a brotar las flores de Crocus carpetanus. Jugándose el tipo si cae una helada nocturna.
La primavera avanza en la Sierra de Guadarrama, aunque a veces parece detenerse por unas inesperadas nevadas o heladas nocturnas. Pero en cuanto nos damos la vuelta, como en ese juego infantil del "uno, dos y tres al escondite inglés", ya ha dado un paso más adelante, no hay verdadero retroceso.
Flor abierta de Crocus carpetanus, que tiene cierta semejanza con el azafrán, pero no es utilizable en la alimentación.
Y las mejores indicadoras de ese avance son sin duda las pequeñas flores que nacen a ras de suelo a partir de bulbos y rizomas. Tienen ventaja sobre las plantas anuales que se desarrollan desde semillas cada año, ellas tienen todos sus nutrientes dispuestos y hasta las yemas ya formadas, aunque escondidas. Solo necesitan el pequeño empujón de unos días soleados que calienten el suelo, aunque en su entorno aún esté la nieve fundiéndose. Esto les juega malas pasadas y a veces se congelan apenas se han abierto, pero no hay problema, siempre hay algunas que llevan algo de retraso y aseguran la reproducción. Además, los bulbos y rizomas siguen bien protegidos bajo el suelo esperando tiempos mejores.
De pétalos más estrechos y colores más contrastados, Romulea bulbocodium florece en prados soleados e incluso a menor altitud. Muchas veces se encuentran en grupos.
En las montañas, tenemos también la ocasión de observar el curioso fenómeno de cómo la floración va ascendiendo ladera arriba en la misma medida que las nieves se van retirando o, más adelante, a medida que el calor va subiendo en altitud. También podemos ver la diferencia entre las laderas más soleadas y las más umbrías, pero es más difícil de detectar. Así, muchas de estas especies las podremos ver entre los menos de mil y los casi dos mil metros de altitud con diferencias de más de tres meses en el tiempo de su floración, desde finales de febrero, si es cálido, hasta junio.
Las flores de Gagea son más pequeñas, pero destacan por su fuerte color amarillo.
Estas flores tempranas son una bendición para aquellos insectos que se alimentan de néctar y que permanecen aletargados durante el invierno y se activan los días de sol, ya que encuentran un recurso imprescindible para sobrevivir a los fríos que van y vienen en esta caprichosa estación.
Abeja  de la miel, Apis mellifera, libando y recogiendo néctar en una flor de Narcissus bulbocodium.
Algunas mariposas, que parece mentira que que no hayan sido destrozadas por la nieve y el agua, las moscas de las flores, las abejas y los abejorros que permanecen vivos en el interior de sus colmenas esperando la ocasión de volar de nuevo para reponer sus mermadas despensas, dan vida y alegría al campo y al observador de la naturaleza que espera ansioso el final del invierno.
Narcissus bulbocodium se encuentra en prados con bastante humedad, a veces incluso encharcados. Estos pertenecen a la subespecie graellsii, de tonos más pálidos.
Narcissus bulbocodium subespecie bulbocodium, de tono amarillo más intenso.
Entre rocas y formando precioso ramilletes crece Narcissus rupicola.

Narcissus triandrus subespecie pallidulus se encuentra en las proximidades de los arroyos, incluso en la misma orilla, inclinada la flor hacia el agua, como Narciso, el personaje de la mitología griega que se enamoró de su propia imagen reflejada y dio apelativo a los narcisistas.
Hoy solo hemos visto unas pocas especies y centradas en un par de familias, pero hay muchas más. Además, a finales de verano e inicios del otoño otras flores distintas pero emparentadas con ellas ocuparán su lugar, habrá que estar atentos.

jueves, 14 de agosto de 2014

Las mariposas son para el verano

CUADERNO DE CAMPO
Parnassius apollo de la Sierra de Guadarrama.
Realmente las mariposas, como tantos otros insectos, se pueden observar casi en cualquier época del año. Solo es necesario que en algún rincón, del bosque o de la montaña, el sol caliente lo suficiente como para que se activen. Para buscar su alimento siempre hay alguna planta de las que florecen en otoño, invierno o primavera temprana, aunque su entorno esté cubierto de nieve.
Pero sin duda la mejor época para salir al campo a ver mariposas es pleno verano, cuando el calor aprieta y sus plantas favoritas están en plena floración.
Hay dos tipos de plantas importantes para las mariposas: sus plantas nutricias, que son aquellas de las que se alimentan sus orugas, las cuales nos pasan desapercibidas la mayoría de las veces, y las que tienen flores con néctar abundante para alimentar a las mariposas adultas. El néctar es un alimento muy rico en hidratos de carbono y las mariposas lo necesitan para poder volar.
En nuestra Sierra de Guadarrama tenemos la suerte de contar con una gran variedad de lepidópteros, que así es como se denomina científicamente a este orden de insectos. Ese nombre quiere decir con escamas (lepido) en las alas (pteros) y esas microscópicas escamas son las que le dan color a las alas. 
Los lepidópteros se dividen en dos grandes grupos:
- Los ropalóceros, que son las mariposas diurnas de grandes y coloridas alas que pliegan juntándolas en posición vertical
- Los heteróceros, a las que se suele dar el nombre genérico de polillas, pero que incluye a muchas y muy variadas familias. Algunas, además, son diurnas y muy coloridas. La mayoría de ellas pliegan las alas sobre su dorso.
Vamos a hacer un pequeño repaso muy general a las especies más comunes, fáciles de ver y de identificar. Más adelante espero poder dedicar otras entradas a los diferentes grupos con sus peculiaridades.


ROPALOCEROS

FAMILIA PIERIDAE
A los piéridos pertenecen las conocidas mariposas de la col, Pieris, de inquieto vuelo y que casi nunca se posan. La mayoría son blancas, pero también las hay de color amarillo, como el género Colias, y otras especies de gran belleza.
Pieris napi. Una de las diversas mariposas llamadas blancas de la col. Su nombre específico, napi, se refiere a Brassica napus, la colza, una crucífera entre sus posibles plantas nutricias.
FAMILIA PAPILIONIDAE
Los papiliónidos son quizas la familia con las especies más grandes y llamativas. Tienen un vuelo muy característico, planeado para ahorrar energía. Casi todas son de gran tamaño. Hay cinco especies en la Península y cuatro de ellas las podemos encontrar en nuestra Sierra.
Parnassius apollo, una joya de nuestra fauna, es la especie de montaña por excelencia, hay subespecies distintas en las diferentes cordilleras ibéricas. 
También es muy característico de esta familia la presencia de colas al final de las alas posteriores, como ocurre en Papilio e Iphiclides, lo que les aporta un extra de exotismo.
Iphiclides feisthamelii

FAMILIA NYMPHALIDAE
Los ninfálidos son la familia con mayor y más variado número de especies dentro de las diurnas, hay especies de muy hermoso y contrastado colorido y también de colores pardos que pasan desapercibidas. Son de tamaño mediano y grande.
Es curioso que quizás las más coloridas tengan por plantas nutricias a cardos y ortigas, lo que nos puede hacer pensar que esas "malas hierbas" nos están aportando un extra de belleza a nuestros campos y, como cualquier otra planta, tienen su lugar en el ecosistema.
Aglais io. Sus orugas se alimentan de las ortigas y los adultos de encuentran libando de las zarzas y rosales en los claros de bosque.

Aglais urticae. Su planta nutricia son también las ortigas y de ahí su nombre.

Vanessa cardui, cuya planta nutricia para las orugas son los cardos y también en ellos liban las mariposas.


Los géneros de color anaranjado con puntos y líneas oscuras, como Argynnis, Issoria, Brenthis y otros parecidos son complicadas de diferenciar por los no expertos, pero Issoria lathonia es muy agradecida en ese aspecto, porque es abundante y al plegar las alas nos mostrará unas grandes manchas de aspecto metálico, como el latón.
Issoria lathonia. fácil de distinguir por las manchas de brillo metálico en la parte inferior de sus alas.
También tienen su complicación las blanquinegras Melanargia, de las que tenemos cuatro especies en nuestra zona de campeo. La más común en la Sierra es Melanargia lachesis. Todas ellas son muy visibles pues son muy activas y se posan sobre todo tipo de flores.
Melanargia lachesis tomando el sol sobre los helechos en un claro del pinar

Hay muchas otras especies que no son tan llamativas, su estrategia es pasar desapercibidas, especialmente cuando se posan en el suelo. Algunas de ellas, además, no tienen inconveniente incluso en inclinarse y hasta tumbarse, para orientarse respecto al sol y al juego de luces y sombras.
Los géneros Hipparchia y Brintesia son de color casi negro con una banda blanca bastante llamativa en el dorso, pero cuando se posan la parte inferior de sus alas se camuflan perfectamente con el suelo y las cortezas.
Hipparchia hermione. Estas mariposas tienen la costumbre de posarse en medio de los caminos para tomar el sol y chupar las sales minerales cuando el suelo está húmedo. 

Del género Erebia hay muchas especies con una distribución muy reducida, la que podemos encontrar muy abundantemente en Guadarrama es Erebia meolans, que también tiene la costumbre de posarse en el suelo y casi nunca sobre flores altas. Posada es de color muy oscuro y apenas se distinguen unos pequeños ocelos, pero si se observa con las alas abiertas, lo que es complicado, nos mostrará unos preciosos ocelos negros con pupilas blancas sobre una banda rojiza y brillante.
Erebia meolans, con las alas entreabiertas.

Algo parecido, aunque más discretas de coloración, ocurre con los géneros Pyronia, Maniola, Coenonympha y otros, que son las más pequeñas de la familia y suelen volar a ras de suelo, incluso en zonas sombreadas del interior del pinar, y desaparecen de la vista al posarse entre la hojarasca y las ramitas. 
Pyronia tithonus, camuflada en el suelo del pinar. Es el mismo ejemplar con las alas plegadas y abiertas. Este género se diferencia de otros por tener dos pupilas blancas en el interior de los ocelos.
FAMILIA LYCAENIDAE
Los licénidos son las más pequeñitas de nuestras mariposas diurnas, pero no por ello menos bonitas. Entre ellas hay verdaderas obras de arte, sobre todo las de coloración azul. Además, no escatiman en adornos, como todo tipo de ocelos y pequeñas colas en las alas posteriores. Lo pequeño es hermoso, pero hay que acercarse para apreciarlo.
Lycaena phlaeas, quizás la especie más abundante en la Sierra, se reconoce fácilmente porque las alas posteriores son de color pardo, cosa muy rara en esta familia.

Una de las características de esta familia es que en muchas especies el diseño y la coloración es distinta en el macho y en la hembra. A veces, incluso tan diferente como que el macho es de color azul y la hembra parda.
Lycaena virgaureae. A la izquierda el macho, que es de color anaranjado muy llamativo y a la derecha la hembra con el dorso de las alas manchadas.

También son muy fáciles de reconocer como pertenecientes a esta familia las pequeñas mariposas azules de inquieto vuelo. Hay quien las llama azulejos.
Lampides boeticus, no es uno de los licénidos más azules, pero muestra unos bonitos ocelos y pequeñas colas en sus alas traseras, que las hacen inconfundibles.
FAMILIA HESPERIDAE
Los espéridos son una singular familia que suele pasar desapercibida por su pequeño tamaño pero que, de vez en cuando, puede verse tanto en las flores como en el suelo. Tienen las alas cortas que pliegan de una manera curiosa y el cuerpo y la cabeza grande. Algunas especies son difíciles de diferenciar por los no especialistas.
Hesperia comma

HETEROCEROS


Por méritos propios terminaremos con unas mariposas que aún estando clasificadas dentro de las llamadas nocturnas se pueden ver fácilmente durante el día.

FAMILIA EREBIDAE
El de los erébidos es un grupo con mariposas de formas, colores y tamaños muy variados, pero hay un par de ellas especialmente llamativas y fáciles de ver. Por ejemplo la llamada gitana atigrada, Atlantartia tigrina.
Atlantarctia tigrina, cuya planta nutricia son las genistas que pueden encontrarse en la mayoría de las cotas serranas.

Hay otra especie llamativa, aunque es más fácil ver sus orugas que las mariposas adultas, ya que tienen un periodo de vuelo relativamente breve y una sola generación. Se trata de la llamada mariposa cinabrio, Tyria jacobaeae, cuya planta nutricia es la hierba de Santiago, Senecio jacobaea. Sus llamativas orugas, con largos pelos urticantes y el color amarillo y negro, así como las mariposas negras y rojas, nos indican claramente que tienen algún peligro. En efecto, estos insectos están cargados de veneno, principalmente cianuro, que obtienen de los senecios de los que se alimentan. Los senecios se defienden así de ser comidos por el ganado pero no de las orugas, que aprovechan ese veneno en su propia defensa.
Orugas de Tyria jocobaeae sobre senecio, su planta nutricia. Los colores amarillos y negros nos indican el peligro como la señalización de alta tensión.
Para saber un poco más de la relación entre la mariposa y su planta nutricia recomiendo leer el artículo de ESTE ENLACE.

Adulto de Tyria jacobaeae.

FAMILIA ZYGAENIDAE
La mariposa cinabrio nos recuerda mucho a otras de color también negro y rojo que se suelen ver en lo alto de las flores, pero no, no está emparentada con ellas. Los zigénidos son un caso de mimetismo y convergencia evolutiva porque utilizan el mismo sistema de defensa: cargarse con sustancias tóxicas procedentes de sus plantas nutricias y llamar la atención con colores negros, amarillos y rojos.
Zygaena filipendulae, pareja en cópula y un ejemplar más. Estas mariposas suelen encontrarse agrupadas sobre las flores con mucha frecuencia, aunque solo en cortos periodos de tiempo.

FAMILIA SPHINGIDAE
Los esfíngidos son mariposas generalmente nocturnas, algunas bastante grandes, pero hay una especie ibérica  que vuela durante el día. No podía faltar en este listado, es la esfinge colibrí, Macroglossum stellatarum, una mariposa muy popular, que se puede ver incluso en pleno invierno. Se mueve como los pajarillos que le dan nombre, volando hacia delante y hacia atrás metiendo su lengua entre las flores. Por cierto que su nombre científico "Macroglossum" quiere decir "lengua grande".
Macroglossum stellatarum extendiendo su lengua hacia la flor de un cardo.

Las mariposas son una buena excusa para salir al campo a hacer algo concreto, la variedad de especies nos invita a buscar y coleccionar, pero ojo, sus imágenes, no los ejemplares. Es mucho mejor conservar su imagen en vida que sus cadáveres pinchados en un alfiler. Dejemos eso para las colecciones científicas de los museos. Además, la mayoría son especies protegidas y algunas están en peligro, seamos respetuosos: Se miran y disfrutan, pero no se tocan. Al tocarlas se les caen las escamas de las alas y dificultamos su facultad para volar y para conseguir reproducirse.

En la sección LIBROS hay una reseña de la guía Mariposas por la Vida, muy recomendable.
Además, tengo que agradecer a los expertos de Biodiversidad Virtual su ayuda para determinar muchas de las especies de la zona y la elaboración de las Taxofichas que pueden consultarse AQUÍ

viernes, 14 de febrero de 2014

Corzos, los casi invisibles habitantes del bosque.

CUADERNO DE CAMPO


Son ágiles, huidizos, habitan en la espesura del bosque y si salen de ella es por la noche para no ser vistos. Quien lo consigue, aunque solo sea una fugaz visión, queda encantado para siempre. No, no se trata de duendes ni de ninfas del bosque, aunque bien podrían serlo, se trata del cérvido más pequeño de Europa, una maravilla de la naturaleza que si somos discretos y nos acercamos a la Sierra con respeto y en silencio, tendremos el premio de llegar a conocer. 
Son los corzos: Capreolus capreolus.
Macho adulto de corzo.
Se pueden observar las astas con tres puntas y los ornamentos de su base.
Así es, los corzos son relativamente abundantes en la Sierra de Guadarrama, pero muy pocos son los que llegan a observarlos. El secreto: acudir al amanecer y ser muy silencioso, mirar con atención desde la distancia, no hacer movimientos bruscos y quedarse quieto, a la espera, en algún lugar discreto, especialmente cerca del agua. Solo así y con suerte, conseguiremos descubrirlos.
Pero si no son fáciles de ver, sí que es fácil encontrar sus huellas en la nieve y estos días nos están ofreciendo inmejorables condiciones para ello. 

Rastros y huellas



Las huellas de corzo son pequeñas (4-4,5cm) y estrechas, mucho menores que las de cabra montés (7 cm), que también podremos encontrar en la Sierra, aunque normalmente en zonas más altas y despejadas.
Si andan sobre suelos duros, barro o nieve poco profundos, solo se marcan las dos pezuñas anteriores que son largas y estrechas, con las puntas más cerradas cuando andan despacio y más abiertas cuando se desplazan a saltos.

Huella de corzo en la nieve.
Se observa la marca de las pezuñas principales y las pequeñas secundarias
correspondientes a los dedos exteriores o traseros.
Pero si el suelo es blando y profundo se marcan las pezuñas secundarias, correspondientes a los dedos externos, que están más altas. Además, con un poco de suerte podremos observar que si el animal camina despacio coloca las pezuñas traseras en el mismo hueco que dejaron las delanteras y por eso vemos cuatro pequeñas marcas posteriores. Cuando corren o saltan las huellas de las patas traseras se van adelantando a las anteriores.

En esta huella se aprecia perfectamente que la huella de la pata trasera
ha coincidido sobre la de la pata delantera
y por eso hay una marca doble de las pezuñas secundarias.
Otro rasgo que nos puede ayudar a identificar las huellas de corzo es que suelen ir en solitario, especialmente los machos, o en grupos muy reducidos como una hembra con una o dos crías. Por el contrario, la cabra montés suele ir en grupos grandes. Lo mismo puede decirse del ganado doméstico, en el caso de que cabras u ovejas hayan pastado en la zona.
Juego de huellas dejado por dos ejemplares que van en la misma dirección
o el mismo que ha pasado dos veces seguidas.
Según las características del terreno las huellas quedan marcadas de una u otra forma, pero en general podremos observar que, al tener las patas tan finas, sus huellas se hunden mucho en la nieve. Si coincide que veamos en el mismo lugar y momento las huellas de un zorro, por ejemplo, veremos que son prácticamente la mitad de profundas, debido a que son más anchas para un peso menor.

Huellas de corzo dejadas mientras baja una pendiente acusada.
Se aprecian las marcas dejadas por las pezuñas al avanzar,
no es que haya patinado.
Huellas dejadas por el mismo animal que la imagen anterior
pero en sentido contrario, cuando subía la misma pendiente.
Siguiendo los rastros, no tardaremos en descubrir otras señales de su actividad, como los excrementos o las marcas de haber comido. 

Excrementos situados en medio de uno de sus rastros.
En este caso el animal se paró para defecar y orinar,
pero en otras ocasiones defecan mientras andan y son menos abundantes.
Astas, que no cuernos
Los corzos macho tienen astas, el tipo de cornamenta propio de los cérvidos, que se muda cada año y que es una estructura solo de hueso. Las astas, salvo deformación, llegan a tener tres puntas (recordemos que nada tienen que ver con la edad del animal) y no se abren lateralmente como en los ciervos y gamos. Esta es una adaptación a la vegetación espesa, pues entre los matorrales, donde buscan refugio, se enredarían. En las peleas de la época de celo los cuernos paralelos y estrechos podían ser un inconveniente pero no resbalan y se clavan, porque en su base tienen unos abultamientos, llamados perlas, que están más desarrollados cuanto mejor es el estado de salud del animal.
Tronco de unos 25 cm de diámetro marcado por los cuernos del corzo
la corteza queda alisada y libre de musgos y líquenes.
Cuando las astas van creciendo están recubiertas de una piel suave con muchos capilares sanguíneos que al alcanzar el máximo desarrollo se seca y cae.
Tanto para desprenderse de los restos de piel seca como para desfogarse en su incipiente celo, los machos frotan y envisten el tronco de arbolillos jóvenes, desgastando su corteza de manera característica. No hay que confundir ese desgaste con el que hacen los jabalíes en los árboles cercanos a charcas, que suelen tener restos de barro y pelos.

Punto donde los corzos han escarbado en la nueve para comer la hierba que hay debajo.
Dando la nota con el celo
Los corzos no entran en celo en otoño, como los cérvidos más grandes, sino en pleno verano, de mediados de julio a finales agosto. No forman harenes, los machos cubren a las hembras cuyos territorios se solapan con el suyo, aunque a veces se unen en pareja con alguna de ellas durante todo el año. Su reclamo es un ladrido ronco que se puede escuchar a distancia, aunque no consigamos ver a su protagonista. Aún siendo territoriales, los machos se soportan en cierto grado durante el invierno, pero en época de celo son muy intolerantes y se enfrentan con fiereza a sus vecinos.
El rastro de huellas en la nieve muestra que los corzos se han detenido a comer
en este rincón, junto un vallado de piedras, para ramonear hojas de acebo Ilex aquifolium.
Curiosamente ha comido una rama donde las hojas tienen menos espinas.
Un embarazo con intermedio
Las crías nacen entre mayo y junio ¿quiere esto decir que tienen una preñez de 10 meses? No, lo que ocurre es que el embrión detiene su desarrollo apenas a los 15 días de la fecundación y no se reinicia hasta el mes de enero para que así las crías no nazcan en invierno, sino con la primavera bien avanzada, cálida y con abundante alimento. Es un fenómeno denominado implantación retardada, muy común en otros mamíferos (especialmente mustélidos), pero único en el corzo entre los artiodáctilos.
En este caso lo que han comido los corzos es el extremo de las ramas de un arce, donde se encuentran las nutritivas yemas durmientes, que se abrirían la próxima primavera. 
Cría de corzo: NO TOCAR
A las crías de corzo se les llama corcinos y, como otros cérvidos y animales de bosque, nacen con un bonito diseño manchado que les sirve para pasar desapercibidos cuando están escondidos en la espesura, tumbados, mientras su madre se alimenta o porque se aleja para distraer la atención de sus posibles enemigos. Por eso es muy importante que si llegásemos a encontrar un corcino tumbado en el suelo del bosque no nos acerquemos y ni mucho menos lo toquemos, porque su madre estará en los alrededores y acudirá cuando nos hayamos alejado. NO ESTÁ ABANDONADO y no corre peligro si le dejamos tranquilo y nos alejamos cuanto antes.
Jara estepa Cistus laurifolius, parcialmente comida.

Comer y ser comidos.
Los corzos viven y se alimentan en las zonas más espesas del bosque. Aunque les gusta salir a comer hierba a zonas despejadas de vez en cuando, su alimento se basa más bien en las hojas de muy diversos arbustos y arbolillos jóvenes. Siguiendo las huellas en la nieve se puede ver cómo se acercan a las masas de matorral dejando las ramas mordidas y sin hojas: zarzas, rosales silvestres, acebos, espino cerval y cualquier otro que haya en su entorno, así como las ramas bajas de cualquier árbol, dándoles una poda natural.
Prefieren los bosques mixtos, donde se mezclen pinos, con hojas todo el invierno para esconderse, y árboles de hoja caduca, que les ofrecen mejor alimento.
En Europa los corzos son el principal alimento de los lobos y donde coinciden con el lince, éste puede depredar a los corcinos.

Se puede ver la ficha del corzo en la web Vertebrados Ibéricos pinchando AQUÍ.
Y más sobre huellas en la nieve pinchando AQUÍ.


viernes, 31 de enero de 2014

Dos guías sobre la Sierra de Guadarrama. Para jóvenes y mayores.

LIBROS


Guía de campo de la Sierra de Guadarrama. 
Autores: Ángel Sánchez Crespo e Isabel Pérez García.
Ediciones La Librería. 254 páginas

Una guía muy útil, profusamente ilustrada con fotografías y dibujos de fauna, flora y paisajes.
Comienza con la descripción física de la Sierra, relieve, hidrografía y clima, para continuar con los principales pisos y ecosistemas, con sus características y principales especies.

No es una guía de identificación, pero cumple ese papel ya que muestra con detalle las especies más representativas y fáciles de ver. Además, es excelente para empezar a comprender el por qué de esos paisajes y su funcionamiento, así como el papel que tienen las distintas especies en el ecosistema serrano. No olvida los usos humanos y cómo han modelado el paisaje que hoy conocemos .

Tampoco es el típico libro preciosista de grandes fotos, pero tiene muchas y muy descriptivas. Es un libro práctico y económico, con contenido interesante para leer en casa tranquilamente, antes o después de la excursión y también para llevar en la mochila y echar mano de él en el campo. 




La sierra de Guadarrama para jóvenes naturalistas, Isabel Pérez García y Ángel Sánchez Crespo. Ediciones La Librería, 2013. 175 páginas.

Una nueva guía de estos dos autores, está vez más enfocada a los jóvenes que se interesan por la naturaleza. No es un libro infantil como su título nos puede llevar a creer, pero si es muy sencillo de seguir y es también perfectamente adecuado para personas, no necesariamente jóvenes, sin muchos conocimientos previos sobre temas de naturaleza. De todas maneras, como no todos sabemos de todo, seguro que hasta los más expertos en algún tema concreto tienen algo que aprender en este sencillo libro.


Tiene un formato apaisado y una maquetación agradable, aunque se nos hace un tanto extraño que las páginas estén numeradas en la parte interior, lo que no es muy cómodo para hacer búsquedas.
Está organizado en seis capítulos dedicados a otros tantos ecosistemas, o más bien paisajes serranos, con las especies de plantas hongos y animales más características de cada uno de esos entornos, unos 350 en total. Las va mostrando tal cual las podemos encontrar en un paseo campestre. Como nos indican sus autores, si vamos observando, oliendo y escuchando lo que nos rodea.
El objetivo del libro es estimular la capacidad de observación y el respeto, mirar sin tocar y, desde luego, lo cumple y nos sentimos plenamente identificados con él.

Cuenta con numerosas ilustraciones a todo color, tanto dibujos como fotografías de calidad de paisajes y especies que pueden ser fácilmente identificadas.
La mayor parte de los conocimientos que se puedan adquirir en este libro son perfectamente aplicables a otros campos y montes de nuestra geografía ibérica.


Para ver más libros ir a la página pinchando AQUÍ.